Nada más llegar la ambulancia al Hospital General de Terrassa me pusieron en una camilla y me trasladaron a un largo pasillo que estaba repleto con numerosos paciente tumbados en sus correspondientes camillas. A mí se me cayó el cielo encima al ver tan lamentable espectáculo. Me ubicaron entre los boxes dónde estuve toda la noche.
Sin embargo no me aburrí ni un momento y pienso que aprendí mucho con las pequeñas historias o comportamientos de algunos de los que allí estaba os pongo algunos de ellos:
ANTONIO:
Era un señor de 80 y tantos años qué muy inquieto se bajaba de la camilla y comentaba en voz alta: ¿Qué hago yo aquí? No sé de dónde vengo ni dónde estoy no a dónde voy. Con mucho recelo si miraba la vía intravenosa que llevaba puesta el brazo. En esos momentos paso por allí una enfermera y le dijo: ¡Venga Antonio túmbese en la camilla y dígame si sabe dónde se encuentra en estos momentos!
-Pues dónde voy a estar en....en.....eso....¿cómo se llama?... para comprar cosas.....en la tienda. Enfermera consiguió que se tumbara en su camilla y continuo haciendo su turno.
-¿Qué pinto yo aquí? ¡Esta no es mi casa! continuaba murmurando Antonio..
A los pocos minutos ya estaba otra vez de pie intentando quitarse la vía que le habían puesto. Uno de los pacientes cercanos aviso a la enfermera de lo que estaba intentando hacer pero cuando está llego ya se había arrancado la vía y se había puesto la bata pérdida de sangre.
-¿Por qué se ha quitado la vía no sabe que es para que le pongan medicinas para el bien de su salud?-le dijo la enfermera.
-Pues qué voy a hacer quitármela no sabe que me tengo que ir a mi casa, además he dejado el coche en la calle con las puertas abiertas y se lo pueden llevar. No comprende que ya es hora de cenar y que yo aquí no pinto nada-respondio el pacinte.
Cuando consiguieron que el tumulto que se había formado en su alrededor se calmara lograron que por fin Antonio se tumbara de nuevo en la camilla.
Pero la tranquilidad duro poco y los 15 o 20 minutos ya estaba otra vez de pie tratando de encontrar la salida para marcharse a su casa.
Pero las enfermeras y los ayudantes ya estaban al tanto y lograban pararlo antes de que llegará la puerta.
Otra vez se puso de pie y comenzó meter y sacar cosas de una bolsa que llevaba debajo de la camilla. Uno de los enfermeros se acercó y le dijo: pero Antonio que está haciendo con esa ropa guardándola en su bolsa. ¿No se da cuenta que es del paciente que tiene delante.
-Anda pues yo no me había dado cuenta y pensaba qué era la que me habían traído a mí para marcharme ya de aquí de una puñetera vez.
Otra de las veces cuando una de las enfermeras estaba cuidando a una señora qué había dos o tres camas por delante de él le hizo una seña y le comento: ¡Es mi señora es, mi señora!
La enfermera,para seguirle la corriente le preguntó: ¿Cómo se llama su señora?
-María Pardiñas le respondió Antonio. La enfermera miró la pulsera de la señora y le contestó: esta señora se llama efectivamente María pero María López o sea que no es su esposa.
Antonio poniéndose las manos en la cabeza contestó emocionado:buff.....menos mal que no es mi María porque si no ¿qué haríamos los dos aquí? Y la noche continuó más o menos dentro de esta dinámica.
MARÍA
María era una paciente que habían situado en su camilla justo a mi lado. Era una señora de 93 años con el pelo blanco como la nieve y una delgadez increíble, tan frágil que me parecía de cristal. Creo que no debía de pesar más allá de los 30 o 40 kg. Por su manera de hablar parecía ser una persona muy educada y con grandes sentimientos. Continuamente estaba llamando a los que pasaban por su lado y les decía : ¿Qué hago yo aquí, porque
me tienen tanto tiempo en esta camilla? y además sin poder comer un poquito con el haaambre que tengo. ¿No me podrían dar ustedes algo aunque sea un cafetito con alguna pasta o lo que sea?
Le contestaban que tenía puesto suero y no podía comer y ella se conformaba pero a los pocos minutos volvía a repetir los mismos comentarios a todos los que se acercaban por su entorno. Algunas veces levantaba la mano mirando para mí y me decía: por favor señor tengo mucha hambre tráigame algo aunque sea un cafelito con leche y si no sólo con un poquito de azúcar. A mí me daba mucha pena porque me recordaba a mi madre en los últimos años pero le hacía señas de que no podía hacer nada. Así estuvo durante varias horas hasta que, supongo que por cansancio, se quedó dormida.
MIGUEL
Otro de los personajes de aquella noche en el pasillo de urgencias era Miguel. Tenía un carácter agrio y desagradable. Todo le molestaba. Continuamente estaba quejándose del lugar donde le habían ubicado ya que él no podía estar en un pasillo con tanta cantidad de pacientes. Además sus quejas eran siempre en un tono malsonante yo diría que agresivo. Para el todo le sentaba mal. Llegó un momento en que una de las enfermeras le dijo que o modificaba su forma ofensiva de dirigirse a ellas o llamaría a un superior para exponerle lo que estaba sucediendo. Siguió con sus airadas protestas y la enfermera se marchó supongo que casi llorando. A los pocos minutos regreso acompañada con un señor qué muy seriamente le dijo:
-Mire: póngame atención porque no se lo voy a repetir dos veces o modera usted su forma de hablar y deja de insultar al personal o llamo al jefe de seguridad y le aislamos hasta que le llegue su turno para ser atendido.
Se ve que con la reprimenda reflexionó ya que no volví a oirlo en el resto de la noche.