sábado, 16 de enero de 2021

Cuando este último año comenzaron aparecer síntomas médicos nada agradables para mí empecé a recapacitar en lo poco que me había preocupado en vigilar mi salud. A veces pasaron periodos de 10 o 12 años sin visitar a un médico. Las pocas veces que acudía a la medicina era cuando ya era totalmente necesario. Ahora tengo el deseo y creo que la obligación moral de escribir este pequeño libro blog con la finalidad de que mis hijos, nietos, o todo aquel que lo lea no repitan los errores que yo cometí.


CAPÍTULO 1: CON EL BRAZO EN CABESTRILLO

Todo comenzó en Benquerencia de la Serena, un pequeñito pueblo de Extremadura, en los inicios de los años 50 cuando yo tenía unos 10 o 12 añitos. En aquella época recuerdo que cuando llegaba el calor unos cuantos amigos y yo teníamos por costumbre de bajar a la
huerta que teníamos al lado de La Muña para darnos un baño en la alberca que allí había. El agua con la que se llenaba dicha alberca era proporcionada extraída de un enorme pozo por una noria de aquellas que tenían unos cangilones que iban dando vueltas para verter el agua a un canalón que la conducía a la alberca. La fuerza bruta empleada para mover la noria era el burrito del hortelano que tiraba pacientemente de un palo colocado horizontalmente a un metro, más o menos del suelo.

Una de nuestras diversiones favoritas era sacar nosotros mismos el agua empujando el cuartón horizontal que movía la noria mientras que, por riguroso turno, nos íbamos tumbando en el palo para ser columpiado por los demás.

Una tarde me tocó a mí ser el desgraciado protagonista ya que cuando estaba disfrutando del columpio resbalé y me caí del cuartón con tan mala suerte que mi codo izquierdo quedó aprisionado entre de los engranajes que tenía la noria. Fueron un par de dientes los que pasaron por encima de los huesos. Aún recuerdo con horror el sonido de los chasquidos que se produjeron,

Regresamos a casa y rápidamente se presentó el médico que dictaminó que él no podía hacer nada ya que los huesos del codo estaban rotos y alguno hasta triturado. Rápidamente me llevaron a una clínica que estaba recién inaugurada en Castuera , creo recordar que estaba en la calle Regiones, antes de llegar a la estación.

Allí trataron de reconstruir lo dañado mientras yo sufría unos dolores inaguantables. 
Bueno el caso es que unieron cómo pudieron los huesecillos y el dolor se fue pasando. 
Lo malo vino después cuando tuve que llevar durante varios meses el brazo en cabestrillo con una bolsa con plomo de perdigones de las escopetas que pesaría un par de kilos colgada debajo del codo supongo que para que el brazo no encogiera.

Recuerdo que mi madre ofreció a San José un brazo de cera para que todo saliera bien. Dicho brazo aún se conserva en la casa del pueblo.

Además cada día tenía que sumergir la mano en agua caliente y mantenerla allí durante unos minutos. Mis dedos estaban insensibles. Un día la Flora, qué era la encargada de ese menester, sin darse cuenta se pasó con la temperatura del agua y al meter la mano me la quemó.
Los dedos índice y corazón fueron los más afectados. Me salieron unas ampollas enormes que tuvieron que pinchar para que la piel regresara a su lugar pero los dos dedos quedaron deformados sobre todo en la última falange,
La terrorífica visión de los dedos de la mano convertidos en sendas ampollas llenas de líquido acuoso nunca he podido sacarla de mi cabeza en el resto de mi vida.

Sinceramente creo que este fue el motivo en el que cuando fui creciendo tuviera verdadera aversión a todo lo que se relacionara con la medicina.

viernes, 15 de enero de 2021

CAPÍTULO 2: LA HELICOBACTER PYLORI

Muchos años más tarde cuando ya estaba trabajando de profesor en el colegio Goya empecé a sentir ardores en el estómago. Al principio no le di mucha importancia pero cuando fueron pasando las semanas mi carácter se fue agriando y comencé a
coger manía a muchos alimentos que semanas antes eran mis favoritos.
Luchaba con todas mis fuerzas para que la situación no tuviera efectos negativos en mis alumnos. Fueron días de muchos dolores y sufrimientos en los que me recuerdo a la hora de los recreos sentado en un banco haciendo presión con los dos codos en el estómago para aliviar el sufrimiento.
Cada verano solíamos ir los dos meses de vacaciones a Benquerencia. Recuerdo que en uno de aquellos viajes con mi nuevo Seat 850 cuando fui a ponerle gasolina me entraron ganas de vomitar y tuve que salir corriendo para vomitar al borde de la carretera. El viaje se hizo interminable Cada 35 o 40 km teníamos que parar. Me tomaba un poco de leche con galletas para ver si se pasaban los ardores.

Como pude pasé los dos meses en el pueblo. A mí regreso a Tarrasa las cosas fueron cada vez de peor en peor. Me molestaba todo y tuve que hacer lo imposible para que mi conducta no tuviese trascendencia en mis alumnos que eran niños de 7-8 años.

Y yo, haciendo el burro como siempre, continuaba con mi idea de no acudir a la medicina. ¡¡Qué gran error por mi parte!!

Hubo un momento en el que ya no podía más y por fin fui a al CAP Antoni Creus de Can parellada para que me visitara mi médico de cabecera. Nada más explicar los síntomas la Dra. Sánchez me mandó a la Mutua de Terrassa para que me hicieran una fibrogastroscopia. Aquí también lo pasé fatal con la enorme goma pasada a través de mi garganta y mis apuros cuando quería tragar.

El diagnóstico fue rápido y seguro tenía varias úlceras duodenales. En Mutua de Terrassa llevaba estos temas un gran profesional, el Dr. Viver al que le dije que por favor me operara ya que yo quería volver a mis clases del colegio Goya con mis niños. Pero el doctor me dijo que había que intentar otras soluciones antes que acudir a la cirugía.

Por aquella época se estaba investigando a nivel nacional la presencia de la bacteria helicobacter pylori en las úlceras así que me hicieron una biopsia para analizar si mis úlceras la contenían.
A la semana me llamó el doctor y me dijo que desafortunadamente no la tenía pero que había que esperar un poco para ver que salía en la otra toma que tenían en caldo de cultivo. A los pocos días me avisaron de que en el caldo de cultivo sí que había aparecido la bacteria. Yo me puse loco de contento porque me habían contado que si había helicobacter pylori la úlcera la harían desaparecer en poco tiempo. Y así sucedió tuve que firmar unas autorizaciones y el doctor me recetó omeprazol y dos antibióticos.

Y el milagro se produjo a los 10 días ya me encontraba perfectamente.

 

jueves, 14 de enero de 2021

El CÁNCER DE PRÓSTATA

 Una vez que se había pasado el tema de la úlcera volví a mí tendencia de siempre y me olvidé de la existencia de la medicina. Fueron pasando los años sin volver a visitar cualquier centro de salud

ya que,  a decir verdad, tampoco tuve necesidades de acudir a sus servicios aunque seguí cometiendo el temerario error de no hacerme algún control rutinario que, debido a mi edad sería lo recomendable.

Así llegamos al año 1915 en el que un día al terminar de hacer pipí y cuando iba a tirar de la cadena observe que en el fondo del servicio  había lo que a mí me apareció una gotita de sangre. Me asusté mucho porque  pensé que formaba parte de la orina.

Ante tal circunstancia  no tuve otro remedio que visitar el CAP Antoni Creus para contarle a mi médico de cabecera lo que había pasado.

Habían pasado unos 12 años sin acudir a la visita de ningún médico.

Después de hacerme la correspondiente analítica el resultado fue que efectivamente tenía cáncer de próstata. Yo me asusté mucho ya que


ignoraba los años que podría llevar con ella con la posibilidad de que el cáncer se hubiera extendido por algún otro órgano de mi cuerpo. Pase a Mútua de Terrassa dónde después de análisis y evaluaciones decidieron que lo mejor era operar.

Al cabo de un par de sememas me operaron con resultado positivo.

miércoles, 13 de enero de 2021

CAPÍTULO IV: DE TRES EN TRES MÁS EL IVA

Solucionado satisfactoriamente el tema de la próstata volví a olvidarme de los temas médicos con la excepción de la correspondiente revisión durante los siguientes cinco años..

Llegamos al año 2019 un día comencé a sentir síntomas parecidos a  tenía cuando la úlcera duodenal. Cómo seguía siendo reacio para acudir al médico estuve un par de meses dudando hasta que,  casi obligado por mi señora, fui al CAP Antoni Creus y le comenté a la doctora lo que me sucedía.

De inmediato la doctora Viezma me envió a Terrassa para que me hicieran una radiografía y al poco tiempo me llamo para decirme que habían descubierto una pequeña mancha en el pulmón derecho.
Pasé a la sección de oncología de Mutua de Terrassa donde me hicieron la primera ECO y aquí vino la sorpresa no solamente tenía cáncer de pulmón sino que había otro de colon y un bulto también canceroso en la parótida derecha.

El equipo de oncología encabezado por el Dr Bertumeu Fullana se encargó de valorar y de organizar  el plan a seguir en todo el proceso que me esperaba para el tratamiento de las tres anomalías.

Decidieron comenzar por el cáncer de colon y después de numerosas pruebas me operaron. Tuve la suerte de que la parte afectada estaba al principio del colon así que después de la operación no tuve que llevar colgada la dichosa bolsa que tantas molestias ocasiona a quien tiene que usarla. 

El resultado de la operación me dijeron los doctores que había sido muy satisfactorio aunque durante este periodo de tiempo surgió un problema con el cual lo pasé bastante mal: A consecuencia de la medicación que tuve que tomar  me vi afectado por unos hongos en la lengua. Perdí el sentido del sabor y las comidas me daban asco. Fueron unas cuantas semanas horribles. En poco más de un mes había perdido veinte kilos.

Aquí quiero mostrar mi agradecimiento al Dr. Fullana, al equipo médico que me trató el cáncer de colon en Terrassa y a la doctora Viedma  ya que cuando estababa en casa y me pasaba la mayor parte del día en la cama  ella vino dos o tres veces a visitarme  para interesarse de cómo estaba.

Cuando el tratamiento para los hongos comenzó a hacer su efecto fui recuperando poco a poco el sentido del gusto y por lo menos conseguí frenar la pérdida de peso. El equipo de oncología decidió iniciar el proceso para el tratamiento del cáncer de pulmón con tres sesiones de quimioterapia y treinta de radioterapia.

QUIMIOTERAPIA:

Cada sesión de quimio estaba dividida en tres partes o semanas: la primera consistía en una sesión en la que durante cinco o seis horas me inyectaban  los medicamentos oportunos.  

La segunda consistía en la administración de tres pequeñas pastillas.

La tercera consistía en una semana descanso.

RADIOTERAPIA:

La radioterapia me la hicieron en el Hospital General de Terrassa. Fueron treinta días que, por repetitivo se me hicieron bastante largos. Quiero agradecer el trato recibido tanto por la doctora Moreno cómo por los auxiliares Juan Diego y Zoe.

TAB PARA VALORAR RESULTADOS

Una vez terminadas las tres sesiones de quimio y las treinta de radioterapia el día 24 de junio me hicieron un tab para valorar los resultados.
Fue en la calle San Antonio de Terrassa dónde tuve que acudir a las 9:30 en ayunas después de haber bebido un litro de agua en la última hora. Recuerdo que ese día se me olvidó el teléfono en casa y en la hora que estuve esperando solo hasta el comienzo de la prueba hay que ver la cantidad de cosas que pasaban por mi cabeza en las que antes no había reparado o no le había dado importancia.

Mentalmente le fui dando un repaso a mi época infantil. Con claridad meridiana acudieron a mi mente recuerdos que yo apenas recordaba.

Luego mi imaginación voló a los bonitos años de mi época infantil

con la llegada de mis primeros estudios, las correrías y las travesuras con mis amigos en Benquerencia y el tonteo con Rosa (mi esposa) en los primeros paseos por la Calle del Polvo y la carretera. Siguieron imágenes de los buenos ratos que pasamos cazando tanto en la Solana como en la Umbría, los partidos (aunque a mi no me gustaban mucho) en el "Legio" y la carretera. Siguió "La Mili" que hice en Cerro Muriano(Córdoba) y en Castilla 16 de Badajoz. Como si manaran de una fuente fui recordando capítulos de mi vida que ya estaban casi perdidos en mi mente.
La voz de la doctora llamándome para iniciar la prueba me hizo volver a la realidad cortando en seco tan entrañables recuerdos.

SUSTO EN EL VENDRELL:

30_05-2021-Aprovechando la llegada del buen tiempo decidimos pasar el fin de semana en el Vendrell. nos acompañaron Emilio Queralt y Oriol.
 Ya por la noche cuando estaba en los brazos de Morfeo.

Me desperté un poquito sobresaltado y mis temores continuaron cuando vi qué el temblor de los dedos iba en aumento y se extendía por el brazo acompañado de algunas molestias que antes no había sentido. Traté de incorporarme de la cama y creo que por la falta de sensibilidad me fui  resbalando de ella hasta que  quedé sentado en el suelo. Cuando trate de apoyarme sobre el brazo izquierdo para reincorporarme no pude hacerlo porque no tenía fuerza así que tomé la solución de tumbarme en el sueño. Entonces se despertó mi hijo Emilio qué con cara de sorpresa me ayudó a volver a la cama. Pasaron unos minutos y todo volvió a la normalidad. El susto había pasado.

Al día  siguiente Regresamos a Terrassa y cuando estábamos llegando a casa de repente comencé a sentir lo mismo síntomas en los dedos y en el brazo. Al parar mi hijo se dio cuenta y le hice una seña indicándole lo que pasaba.  Está vez los temblores fueron más fuertes y acompañados de un parpadeo incontrolable de mi ojo izquierdo. Yo trataba de aguantarme para que los nietos que iban en los asientos traseros no se dieran cuenta de lo que pasaba. Rosa los bajó del coche y Emilio arrancó para llevarme al hospital. Yo traté de disuadirlo porque los temblores ya habían cesado y pensaba que al día siguiente podía ir acudir al médico tranquilamente (un error por mi parte)  El siguió insistiendo y yo diciéndole que regresáramos a

casa pero por suerte no me hizo caso y me llevó al Hospital General de Terrassa. Entré en urgencias sobre las 7 de la tarde y me colocaron en una camilla en el pasillo formando aparte de una hilera de pacientes que ocupaban toda la zona. Me hicieron unas pruebas y allí permanecó hasta las 11:30 de la mañana que en una ambulancia me enviaron a Mutua de Terrassa para que continuara en observación.

17 HORAS EN EL PASILLO DE URGENCIAS

Nada más llegar la ambulancia al Hospital General de Terrassa me pusieron en una camilla y me trasladaron a un largo pasillo que estaba repleto con numerosos paciente tumbados en sus correspondientes camillas. A mí se me cayó el cielo encima al ver tan lamentable espectáculo. Me ubicaron entre los boxes dónde estuve toda la noche.

Sin embargo no me aburrí ni un momento y pienso que aprendí mucho con las pequeñas historias o comportamientos de algunos de los que allí estaba os pongo algunos de ellos:

ANTONIO:

Era un señor de 80 y tantos años qué muy inquieto se bajaba de la camilla y comentaba en voz alta: ¿Qué hago yo aquí? No sé de dónde vengo ni dónde estoy no a dónde voy. Con mucho recelo si miraba la vía intravenosa que llevaba puesta el brazo. En esos momentos paso por allí una enfermera y le dijo: ¡Venga Antonio túmbese en la camilla y dígame si sabe dónde se encuentra en estos momentos!
-Pues dónde voy a estar en....en.....eso....¿cómo se llama?... para comprar cosas.....en la tienda. Enfermera consiguió que se tumbara en su camilla y continuo haciendo su turno.
-¿Qué pinto yo aquí? ¡Esta no es mi casa! continuaba murmurando Antonio..
A los pocos minutos ya estaba otra vez de pie intentando quitarse la vía que le habían puesto. Uno de los pacientes cercanos aviso a la enfermera de lo que estaba intentando hacer pero cuando está llego ya se había arrancado la vía y se había puesto la bata pérdida de sangre.
-¿Por qué se ha quitado la vía no sabe que es para que le pongan medicinas para el bien de su salud?-le dijo la enfermera.
-Pues qué voy a hacer quitármela no sabe que me tengo que ir a mi casa, además he dejado el coche en la calle con las puertas abiertas y se lo pueden llevar. No comprende que ya es hora de cenar y que yo aquí no pinto nada-respondio el pacinte.
Cuando consiguieron que el tumulto que se había formado en su alrededor se calmara lograron que por fin Antonio se tumbara de nuevo en la camilla.
Pero la tranquilidad duro poco y los 15 o 20 minutos ya estaba otra vez de pie tratando de encontrar la salida para marcharse a su casa.
Pero las enfermeras y los ayudantes ya estaban al tanto y lograban pararlo antes de que llegará la puerta.
Otra vez se puso de pie y comenzó meter y sacar cosas de una bolsa que llevaba debajo de la camilla. Uno de los enfermeros se acercó y le dijo: pero Antonio que está haciendo con esa ropa guardándola en su bolsa. ¿No se da cuenta que es del paciente que tiene delante.
-Anda pues yo no me había dado cuenta y pensaba qué era la que me habían traído a mí para marcharme ya de aquí de una puñetera vez.
Otra de las veces cuando una de las enfermeras estaba cuidando a una señora qué había dos o tres camas por delante de él le hizo una seña y le comento: ¡Es mi señora es, mi señora!
La enfermera,para seguirle la corriente le preguntó: ¿Cómo se llama su señora?
-María Pardiñas le respondió Antonio. La enfermera miró la pulsera de la señora y le contestó: esta señora se llama efectivamente María pero María López o sea que no es su esposa.
Antonio poniéndose las manos en la cabeza contestó emocionado:buff.....menos mal que no es mi María porque si no ¿qué haríamos los dos aquí? Y la noche continuó más o menos dentro de esta dinámica.

MARÍA

María era una paciente que habían situado en su camilla justo a mi lado. Era una señora de 93 años con el pelo blanco como la nieve y una delgadez increíble, tan frágil que me parecía de cristal. Creo que no debía de pesar más allá de los 30 o 40 kg. Por su manera de hablar parecía ser una persona muy educada y con grandes sentimientos. Continuamente estaba llamando a los que pasaban por su lado y les decía : ¿Qué hago yo aquí, porque

me tienen tanto tiempo en esta camilla? y además sin poder comer un poquito con el haaambre que tengo. ¿No me podrían dar ustedes algo aunque sea un cafetito con alguna pasta o lo que sea?
Le contestaban que tenía puesto suero y no podía comer y ella se conformaba pero a los pocos minutos volvía a repetir los mismos comentarios a todos los que se acercaban por su entorno. Algunas veces levantaba la mano mirando para mí y me decía: por favor señor tengo mucha hambre tráigame algo aunque sea un cafelito con leche y si no sólo con un poquito de azúcar. A mí me daba mucha pena porque me recordaba a mi madre en los últimos años pero le hacía señas de que no podía hacer nada. Así estuvo durante varias horas hasta que, supongo que por cansancio, se quedó dormida.

MIGUEL

Otro de los personajes de aquella noche en el pasillo de urgencias era Miguel. Tenía un carácter agrio y desagradable. Todo le molestaba. Continuamente estaba quejándose del lugar donde le habían ubicado ya que él no podía estar en un pasillo con tanta cantidad de pacientes. Además sus quejas eran siempre en un tono malsonante yo diría que agresivo. Para el todo le sentaba mal. Llegó un momento en que una de las enfermeras le dijo que o modificaba su forma ofensiva de dirigirse a ellas o llamaría a un superior para exponerle lo que estaba sucediendo. Siguió con sus airadas protestas y la enfermera se marchó supongo que casi llorando. A los pocos minutos regreso acompañada con un señor qué muy seriamente le dijo:
-Mire: póngame atención porque no se lo voy a repetir dos veces o modera usted su forma de hablar y deja de insultar al personal o llamo al jefe de seguridad y le aislamos hasta que le llegue su turno para ser atendido.
Se ve que con la reprimenda reflexionó ya que no volví a oirlo en el resto de la noche.

LA ABUELA JULIA Y SUS NIETOS

 Más o menos sobre las diez apareció por el pasillo una pareja de chicos bastante jóvenes quizás unos 18 o 20 años. Pasaron por mi lado y pude contemplar la expresión de tristeza que llevaban en sus caras. A los pocos segundos empecé a oír sus voces en uno de los boxes que estaban en el lateral del pasillo y que desde mi ubicación yo no podía ver. Las palabras que oí fueron emocionantes. Voy a tratar de reproducir aquí algunas de las frases que recuerdo: Buenos días Yaya Julia. Pero madre mía ¡qué guapa estás! Si pareces un sol.

¿Cómo te viniste sin decirnos nada? Tu sabes lo que te queremos y cuando notamos tu ausencia sufrimos mucho.
Pero mira antes de nada abre los ojos que te voy a presentar a mi novia mírala y fíjate lo bonita que es. Se llama Lupe y creo que se parece mucho a ti. Te das cuenta Lupe que vaya tan preciosa tengo. Está tan radiante que parece que tenga treinta años menos.
-Yaya ¿verdad que has ido esta mañana a la peluquería? Te han peinado como si fueras de boda. ¡Qué bonita es madre mía!

-Venga tienes que animarte y volver a comer con ganas porque tienes que volver a casa con todos nosotros, te estamos esperando desde hace ya bastantes días. La semana que viene es el cumpleaños de Juanito y tú no puedes faltar. La mesa no sería la misma si tú no te encuentras presidiéndola o al menos, como otras veces trajinando en la cocina preparando todas las cosas. Así que déjate ya de cuentos y venga vete preparando para regresar.
Casi media hora continuaron diciéndole a la yaya Julia tantas cosas bonitas mientras yo cada vez estaba más emocionado del cariño que le demostraban a su abuela sus jóvenes visitantes.
Bueno danos un abrazo porque ya nos tenemos que marchar pero no te preocupes que dentro de un ratito estarán aquí Juan y Rocío que vendrán también a darte muchos años.
Al momento volvieron a pasar delante de mí los dos jóvenes y por un instante pude ver las lágrimas que brotaban de sus ojos.

A los 10 o 15 minutos volvieron a aparecer por el pasillo otra pareja de más o menos la misma edad qué entraron también en el box de la abuela Julia.
Las palabras que les decían fueron tan o más emocionantes que las que antes había escuchado. Era asombroso el cariño que le demostraban y me daba mucha pena no poder escuchar lo que le respondía la anciana o bien porque tenía poca voz o simplemente porque no les contestaba. Cuando se marcharon, al pasar frente a mí, me miraron de reojo y yo les hice una seña con el pulgar levantado de hacia arriba como dándoles las gracias por su comportamiento con la anciana. Pienso que ellos me entendieron porque me respondieron con una pequeña sonrisa.
Poco después se formó un pequeño tumulto en el box de la abuela y a continuación todo quedo en silencio. La abuela Julia había fallecido.

Sin embargo yo no desaproveché aquella noche en el pasillo de urgencias. Para mí fue una lección de vida. Una lección emocionante que seguro me ayudará a valorar lo que tenemos y que casi nunca valoramos. 


A todos esos políticos que con sus recortes a la Sanidad Pública, su falta de conciencia social y el amor a sus poltronas los señalo con mi dedo y los culpo de estas angustiosas situaciones. En cambio ellos cuándo terminan sus periodos políticos los colocan como altos cargos en las Eléctricas, Telefónica o en grandes empresas a nivel internacional con enormes sueldos. Yo los haría pasar al menos una noche en aquel pasillo de Urgencias.
 Quizás si tuvieran un poco de conciencia, cosa que dudo, abrirían sus ojos para comprobar  el estado real a que ellos han llevado la Medicina con sus egocéntricas acciones. 
En contrapartida pude comprobar, dentro de la gran aglomeración que había, el enorme esfuerzo que hacía el personal sanitario para que hubiese un poco de orden y los pacientes fuesen atendidos en aquellas situaciones tan precarias.
 Mi aplauso para ellos.

MASCARELL: “El SOLDADO REPUBLICANO”

-¡¡Camillero, camillero!! Venga rápido. Atiéndame que tengo que seguir huyendo. Me persiguen de cerca los moros de Franco y ya sabes lo sanguinarios que son. Entran a cuchillo y no hacen prisioneros.

Ya están muy cerca. ¿No oyes sus disparos?

En Valencia saquearon mi casa y me lo quitaron todo. Suerte tuve de poder huir aunque herido en la pierna. He pasado muchos sufrimientos y calamidades para que ahora me atrapen aquí envuelto en una manta totalmente indefenso.

¡¡Mi capitán, mi capitán!! Por favor de la orden de que me suelten de aquí. No puedo permanecer más tiempo. Deme una pistola para que pueda de defenderme si alguien me ataca y ya me las arreglaré yo para llegar a Francia.

Si me pillan aquí me acuchillarán. Ya sé que en este barracón los médicos no tienen de nada y hay muchos heridos del último bombardeo.  

Mascarell continuó durante mucho tiempo contando sus batallitas de la guerra hasta que, supongo que abatido por el cansancio se quedó dormido en la camilla. Un par de horas después vi con asombro cómo se bajaba de la camilla y aunque llevaba el suero puesto se dirigió hacia la salida dónde fue interceptado por el personal sanitario a pocos metros de ella.

Mascarell seguro que tenía más de 90 años.


Y SEGUIMOS CON LAS PRUEBAS

Sobre las 11:30 de la mañana me trasladaron a Mutua de Terrassa para continuar con las pruebas. Ni qué decir tiene que todo el tiempo que estuve en la ambulancia no dejé de pensar un sólo instante en las experiencias que había vivido en el pasillo de Urgencias del Hospital General. 
Me parecía que venía de un mundo totalmente distinto en el que la realidad no se parece nada a lo que se vive fuera. Una vez que me subieron a la planta 11 me tranquilicé y allí esperé los resultados de las últimas exploraciones. 

La Dra. Moreno, de radioterapia, me comunicó que habían descubierto dos pequeñas manchas en mi cabeza una de las cuales podía afectar a las órdenes del cerebro y la otra a mi comportamiento y carácter. El Dr. Fullana me hizo realizar una serie de ejercicios físicos que no descubrieron nada nuevo y a los dos días me bajaron a la planta segunda para hacerme una resonancia.
A pesar de la experiencia que ya tenía en las numerosas pruebas que me habían hecho la resonancia resultó una de las más duras ya que unos insoportables sonidos bombardearon continuamente mis tímpanos durante 15 o 20 minutos(que a mí me parecieron una eternidad) . Pero bueno todo lo di por bien empleado si ellos suponía un paso para mi posible recuperación. Al cabo de una semana regresé a casa.

RESULTADOS DE LAS EXPLORACIONES:

Los resultados de la resonancia confirmaron lo que la doctora Moreno nos había comunicado anteriormente. Había dos pequeñas manchas en el cerebro: una en la parte frontal que influía en mi carácter y estado de ánimo y otra en la parte

posterior que era la que daba las órdenes a los distintos organismos de mi cuerpo.
El equipo oncológico decidió qué tenían que darme otras 10 radioterapias.