Muchos años más tarde cuando ya estaba trabajando de profesor en el colegio Goya empecé a sentir ardores en el estómago. Al principio no le di mucha importancia pero cuando fueron pasando las semanas mi carácter se fue agriando y comencé a coger manía a muchos alimentos que semanas antes eran mis favoritos.
Luchaba con todas mis fuerzas para que la situación no tuviera efectos negativos en mis alumnos. Fueron días de muchos dolores y sufrimientos en los que me recuerdo a la hora de los recreos sentado en un banco haciendo presión con los dos codos en el estómago para aliviar el sufrimiento.
Cada verano solíamos ir los dos meses de vacaciones a Benquerencia. Recuerdo que en uno de aquellos viajes con mi nuevo Seat 850 cuando fui a ponerle gasolina me entraron ganas de vomitar y tuve que salir corriendo para vomitar al borde de la carretera. El viaje se hizo interminable Cada 35 o 40 km teníamos que parar. Me tomaba un poco de leche con galletas para ver si se pasaban los ardores.
Como pude pasé los dos meses en el pueblo. A mí regreso a Tarrasa las cosas fueron cada vez de peor en peor. Me molestaba todo y tuve que hacer lo imposible para que mi conducta no tuviese trascendencia en mis alumnos que eran niños de 7-8 años.
Y yo, haciendo el burro como siempre, continuaba con mi idea de no acudir a la medicina. ¡¡Qué gran error por mi parte!!
Hubo un momento en el que ya no podía más y por fin fui a al CAP Antoni Creus de Can parellada para que me visitara mi médico de cabecera. Nada más explicar los síntomas la Dra. Sánchez me mandó a la Mutua de Terrassa para que me hicieran una fibrogastroscopia. Aquí también lo pasé fatal con la enorme goma pasada a través de mi garganta y mis apuros cuando quería tragar.
El diagnóstico fue rápido y seguro tenía varias úlceras duodenales. En Mutua de Terrassa llevaba estos temas un gran profesional, el Dr. Viver al que le dije que por favor me operara ya que yo quería volver a mis clases del colegio Goya con mis niños. Pero el doctor me dijo que había que intentar otras soluciones antes que acudir a la cirugía.
Por aquella época se estaba investigando a nivel nacional la presencia de la bacteria helicobacter pylori en las úlceras así que me hicieron una biopsia para analizar si mis úlceras la contenían.
A la semana me llamó el doctor y me dijo que desafortunadamente no la tenía pero que había que esperar un poco para ver que salía en la otra toma que tenían en caldo de cultivo. A los pocos días me avisaron de que en el caldo de cultivo sí que había aparecido la bacteria. Yo me puse loco de contento porque me habían contado que si había helicobacter pylori la úlcera la harían desaparecer en poco tiempo. Y así sucedió tuve que firmar unas autorizaciones y el doctor me recetó omeprazol y dos antibióticos.
Y el milagro se produjo a los 10 días ya me encontraba perfectamente.


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